A 36 años de la partida de Clotario Blest: en la memoria de un cristiano que puso en alto la dignidad de Chile
Clotario Blest Riffo se había comprometido a no cortarse la barba mientras que la dictadura cívico–militar de Augusto Pinochet no abandonara el poder. Cuando falleció hace 36 años, el jueves 31 de mayo de 1990, el fundador de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF) y la Central Única de Trabajadores (CUT), aún mantenía esa característica que lo hizo reconocible en los tiempos del autoritarismo, cuando en las calles se enfrentaba en forma no violenta a la represión, ataviado con un inconfundible overol de obrero.
Había una explicación del hecho que no rompiera ese compromiso simbólico representado en su barba, cuando el dictador había abandonado La Moneda y eran los primeros pasos del Gobierno de Patricio Aylwin. Tenía una discrepancia profunda con el modo intrasistema y pactado en el que se había producido la transición a la democracia. Era expresión de su convicción, inspirada en una radical inspiración cristiana, de que no se había derribado el sistema político–institucional y económico–social impuesto por la dictadura.
Era expresión, también, de una trayectoria marcada por una coherencia ética intransigente en la defensa de los derechos humanos y de la dignidad de los trabajadores, caracterizada también por la opción de vivir despojado de bienes materiales. Por eso es que su legado se mantiene vigente, incluso en las nuevas generaciones.
EL COMPROMISO CRISTIANO
Su primera actividad social fue en los años 20 en un círculo de estudios sociales denominado “El Surco”, que era dirigido por el sacerdote Guillermo Vives Solar, uno de los precursores del pensamiento social cristiano en Chile. Participó asimismo en “La casa del pueblo”, una organización dirigida por Viviani que promovía el sindicalismo con una óptica católica. Sin embargo, se desligó de esa entidad tras un conflicto relacionado con su capilla. Blest la había bautizado con el nombre “Jesús Obrero”, pero la dirección no compartió la denominación y la modificó.
Formó parte de la Unión de Centros de la Juventud Católica, que en 1927 llegó a presidir. La entidad surgió como alternativa a la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos, orientada a las elites. Por entonces tuvo un romance con una joven llamada Teresa Ossandón, quien era dirigente de la Asociación de la Juventud Católica Femenina. Tras un par de años, ambos decidieron ponerle fin a la relación, para consagrarse en forma exclusiva a continuar a sus actividades sociales. Ambos cumplieron su promesa. Ossandón se convirtió en una religiosa carmelita y Clotario se entregó por completo a las luchas de los trabajadores.
En 1928, fundó el Grupo “Germen”, también de inspiración cristiana, cuyo símbolo era una cruz acompañada de una hoz y un martillo, asumiéndolo en su sentido de unidad de obreros y campesinos, más que por identificación con el comunismo. Tuvo una revista homónima, en la cual Blest escribía las editoriales y algunos artículos. En la Declaración de Principios de Germen se indicaba: “Se ha desfigurado a Cristo ante las masas hasta el extremo de hacerlo odioso. Silencio alrededor del obrero que es Cristo: mucha palabrería alrededor del Dios que es rey. Se ha desfigurado a Jesús, mirándole solamente como Dios, y no como hombre y obrero, verdadero hermano nuestro según la carne, donde Él quiere y desea y pide ser imitado y amado”.
Luego de una estadía fuera del país, en 1931 el sacerdote Vives fundó la Liga Social de Chile, en la que también participó Clotario. Blest, en representación de la Liga, entregó su apoyo a la República socialista de Marmaduque Grove, lo que provocó su disolución.
En su breve existencia, Germen apoyó al Partido Social Sindicalista, formado por Carlos Vergara Bravo, y al Partido Corporativo Popular, ambos también de efímera existencia.
En este período, Blest consolida la visión de que el papel de los cristianos era contribuir a la unidad de los trabajadores, asumiendo su diversidad ideológica y política. Por ello, terminó separando su camino de sacerdote jesuita Alberto Hurtado, hoy reconocido como santo por la Iglesia Católica, por discrepar de su idea de que los católicos deberían unirse en torno a una central sindical católica, llamada entonces Asociación Sindical Chilena (ASICH).
En 1968, tiempo después de haber presidido la Central Única de Trabajadores (CUT), retomó su protagonismo en el mundo cristiano. El 11 de agosto de 1968 participó en la toma que el emergente movimiento “Iglesia Joven”, formado por religiosos y laicos, hizo de la Catedral Metropolitana de Santiago, en la cual desplegaron un lienzo que decía: “Por una Iglesia junto al pueblo y su lucha”. Durante la acción, Isabel y Ángel Parra, hijos de Violeta, presentaron el “Oratorio del Pueblo” al interior del templo.
Unos años se había realizado el Concilio Vaticano II, inaugurado en octubre de 1962 bajo el Pontificado de Juan XXIII y clausurado en diciembre de 1965 por el Papa Pablo VI. Los vientos de revolución llegaban a la Iglesia.
Tras la toma, Blest continuó asistiendo a la reuniones de la organización y participando en sus actividades. Sin embargo, no asumió cargos directivos ya que prefería que estos fueran ocupados por jóvenes. La presidencia fue ocupada por Leonardo Jeffs, que unos años más tarde se incorporó a la Izquierda Cristiana. En 1969, algunos miembros de la Iglesia Joven propusieron a Blest como precandidato presidencial sin consultarle e hicieron propaganda en las calles. Después de enterarse, Clotario puso fin a la candidatura y al año siguiente el movimiento se disolvió.
Se le considera precursor de la Teología de la Liberación, por estos hechos, pero también por su trayectoria de compromiso social, siempre bajo inspiración cristiana. “Estaré dando la lucha mientras Cristo quiera”, declaró a la revista “Análisis” en mayo de 1982, en tiempos de la dictadura cívico–militar.
LA UNIDAD DE LOS TRABAJADORES
El 1 de mayo de 1952, Clotario Blest se dirigió a los trabajadores reunidos en la Plaza de los Artesanos. En un momento de su intervención, gritó: “¡Sólo la unidad hará posible que triunfemos en nuestras demandas! Por eso les pregunto: ¿quieren o no la unidad?”. Un clamor respondió afirmativamente desde la muchedumbre. Clotario insistió: “¡Entonces, díganselo a todos estos dirigentes! ¡Díganles ustedes mismos que quieren la unidad!”. Por largos minutos se escuchó: “¡Unidad, unidad, unidad!”. Así comenzaba a nacer la CUT.
Su opción por la unidad fue una orientación fundamental a la hora de fundar el 5 de mayo de 1943 la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), que presidió por 15 años, un período en que trabajó por crear la Junta Nacional de Empleados de Chile (JUNECH), que desde 1948 agrupó a todas las organizaciones de los trabajadores fiscales y semifiscales como la ANEF, la Confederación de Empleados Particulares de Chile (CEPCH), la Asociación Nacional de Empleados Semifiscales (ANES), Federación Industrial Ferroviaria de Chile y otros gremios.
“¡Cómo no van a ser capaces de unirse ustedes, que son los explotados!”, exclamó Clotario en el discurso de fundación de la JUNECH.

Desde la conducción de la ANEF, Blest se la jugó a fondo por lograr la unidad de todos los trabajadores del país. Uno de sus primeros esfuerzos apuntó hacia la reunificación de la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH), dividida durante los años 40 por diferencias políticas. Luego de la concentración del 1952, anunció la creación de un “comité de unidad” sindical. Al año siguiente, entre el 12 y 15 de febrero, se llevó a cabo un congreso con más de 2.000 delegados que originó a la Central Única de Trabajadores (CUT). En aquella ocasión Blest fue elegido presidente, asumiendo esa responsabilidad por ocho años.
A la multisindical concurrieron trabajadores comunistas, socialistas de los dos sectores en que estaba escindido el PS, anarcosindicalistas, trotskistas y socialcristianos.
En la Declaración de Principios de la Central se manifestaba: “El régimen capitalista actual fundado en la propiedad privada de la tierra, de los instrumentos y medios de producción y en la explotación del hombre por el hombre, que divide a la sociedad en clases antagónicas, explotados y explotadores, debe ser sustituido por un régimen económico social que liquide la propiedad privada hasta llegar a la sociedad sin clases, en la que se asegure al hombre y a la humanidad su pleno desarrollo”.
La fecha 12 de febrero, por otra parte, no fue una casualidad, sino una decisión deliberada de la Comisión Organizadora. Era el día de la Independencia de Chile en 1818. Buscaron legitimar esa efeméride en oposición al imperial 18 de septiembre. Era la afirmación de la búsqueda de una segunda independencia.
Tiempo después, en marzo de 1957, Clotario escribió: “Los trabajadores chilenos, reunidos en una asamblea democrática, acordaron por unanimidad crear un organismo central que fuera instrumento eficaz de sus luchas”. Agregaba que, con el tiempo, “han ocurrido muchos fenómenos económicos, sociales y políticos en el país y el mundo entero, con sus necesarias repercusiones en Chile. Casi todos estos hechos han complotado en contra de la unidad de la clase trabajadora en el país, pero esta ha podido mantenerse en toda su integridad, salvo deserciones de tipo personal que no interesan ni influyen en la vida sindical de la masa de los trabajadores que, con criterio realista saben perfectamente distinguir entre quienes son aquellos que buscan honrada y lealmente su triunfo y quienes, con criterio ‘personalista’ o por ambiciones bastardas, buscan la satisfacción de mezquinas pasiones”.
Bajo la conducción de Clotario, la CUT desencadena enormes huelgas y movilizaciones en contra del régimen de Carlos Ibáñez. descanso. El 9 de enero de 1956, encabezó un paro nacional indefinido en protesta contra las políticas económicas de austeridad. El Gobierno reaccionó con dureza: declaró el Estado de Sitio por dos meses, criminalizó la convocatoria, y gobierno desplegó al Ejército en las calles de Santiago y otras ciudades principales.
La movilización resultó en el encarcelamiento de Blest por casi cuatro meses y su condena por infringir la “Ley de Defensa de la Democracia”, más conocida como “Ley Maldita”. Fue relegado a la comuna de Molina. Fue una de las 18 veces en que fue detenido mientras estuvo al frente de la CUT.
LOS NUEVOS DESAFIOS
Ya en el Gobierno derechista del empresario Jorge Alessandri, iniciado en 1958, se iniciaron conflictos al interior de la CUT. A pesar de la visión que se ha pretendido imponer de Clotario como un hombre beatífico, sostenía ideas radicales, cuestionaba toda conciliación con el poder y enarbolaba la bandera de la “acción directa”. Con esta perspectiva, impulsó una política sindical de enfrentamiento con el Ejecutivo, convocando movilizaciones y huelgas, para disgusto de los sindicalistas afiliados a los partidos de izquierda integrados al orden institucional.
Al mismo tiempo, en diciembre de 1959, después de la caída de Fulgencio Batista, levantó y presidió el Movimiento Nacional de Solidaridad y Defensa de la Revolución Cubana, primera expresión organizada de esas características en el país. Poco antes, había logrado que en la segunda Conferencia Nacional de la CUT, Blest y sus aliados (anarcosindicalistas, socialistas díscolos, trotskistas y radicales de izquierda en general) se incorporase como uno de los ejes de lucha “el apoyo incondicional a la Revolución Cubana”. En julio de 1960 llegó a La Habana como delegado para participar en el Primer Congreso Mundial de la Juventud, donde fue elegido como presidente del encuentro y tuvo una especial cercanía con el Che Guevara.

En octubre de 1962, Blest fue detenido en medio de una manifestación contra el bloqueo estadounidense a Cuba y fue trasladado al llamado “patio de los cogoteros” de la Cárcel Pública de Santiago por orden del Gobierno. Los reclusos no molestaron a Blest e incluso lo ayudaron.
Frente a los conflictos en la CUT, procuró también articular caminos de convergencia en el campo de la política con “identidad revolucionaria”. Su primer esfuerzo fue la creación a comienzos de 1961 del Movimiento 3 de Noviembre (M3N), bautizado de esta forma a raíz de la huelga general convocada esa fecha del año anterior contra el Gobierno de Alessandri.
El M3N fue integrado por dirigentes de la CUT identificados con un sector de izquierda del Partido Socialista, como Julio Benítez; por anarcosindicalistas como Ernesto Miranda; y por los trotskistas del Partido Obrero Revolucionario (POR), con dirigentes tales como Humberto Valenzuela y Luis Vitale, quien más tarde logró reconocimiento como historiador.
Un poco después, el 22 de octubre de 1961, el M3N dio paso al “Movimiento de Fuerzas Revolucionarias” (MFR), encabezado también por Clotario Blest. Se proponía la “autogestión de las unidades productivas y la socialización de la sociedad”. Fue producto de la unidad del M3N con el Movimiento Libertario 7 de Julio, el Movimiento Social Progresista que se había escindido del Partido Radical y por sectores del Movimiento de Resistencia Antiimperialista (MRA) que lideraba el excomunista Luis Reinoso.
Antes, el 29 de agosto de ese año, Clotario había llamado a un Paro Nacional, pero miembros del Consejo de la CUT frenaron la movilización, ante lo cual Blest presentó su renuncia a la presidencia del organismo. El Gobierno de Alessandri habría amenazado con reponer la “Ley Maldita”, por lo que los críticos optaron por la negociación. La salida de Blest se consumó definitivamente en el Tercer Congreso Nacional Ordinario de la Central, realizado en agosto de 1962.
El reconocido dirigente socialista Oscar Waiss contó lo ocurrido en este evento: “Cuando debió explicar su renuncia, justificada y, en todo caso, respetable, jóvenes imberbes le lanzaron monedas y frutas podridas al escenario” del Teatro Caupolicán: “Esto es un síntoma de descomposición”. Puntualizó que a Blest “no se le puede acusar de contemporizador ni cobarde. Enfrentó vigorosamente al Gobierno y procuró siempre agudizar la lucha”. Indicó que había que sustituirlo “por alguien dócil a las riendas oficiales, aunque no tuviera ni la experiencia, ni la tradición ni el valor del viejo dirigente” (“El Espejismo del 64”, 1962).
Blest corrió a su casa de la calle Ricardo Santa Cruz en el centro de Santiago, con la decisión de suicidarse. Luis Vitale, que lo siguió con la sospecha de su intención, alcanzó por poco a impedirlo.
El diario popular “Clarín”, en un editorial del 8 de agosto de 1962, comentó lo ocurrido en la CUT en los siguientes términos: “Clotario Blest repudia el camino de las antesalas, de los Ministerios y de las conversaciones interminables. Piensa Clotario que los trabajadores deben ir adelante, por los caminos, por las calles, por las plazas, tomándose las fábricas, tomándose las tierras, para terminar con ese camino tomándose La Moneda. Clotario en su altivez piensa que los trabajadores deben ser altivos. Los partidos populares no comparten su criterio. Sólo la historia será la que, en un futuro próximo o lejano, podrá pronunciarse sobre la validez de los postulados revolucionarios de Clotario Blest”.
Y sentenciaba: “Las generaciones futuras convertirán en símbolo el nombre que ahora ha sido humillado”.
LA NOCHE MAS OSCURA
Ya fuera de la CUT, Clotario se centró en buscar una expresión política unitaria a los sectores con los que había hecho un camino común. El MFR pasó a unirse con otras corrientes para constituir el Partido Socialista Popular. Y en 1965 se fusionó con un sector de la Vanguardia Revolucionaria Marxista (VRM) para formar el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), en cuya asamblea de fundación Blest participó. Pronto se separó, descontento con la hechura vertical de nueva organización.
En forma profética dio el paso de formar el Comité de Defensa de los Derechos Humanos y Sindicales (CODHES).
La mañana del 11 de septiembre de 1973, mientras que las Fuerzas Armadas perpetraban el Golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende, Blest se dirigió caminando al Palacio de La Moneda para apoyar al Mandatario, con el cual siempre mantuvo un vínculo de respeto y cercanía, según rememoran hoy miembros sobrevivientes del Dispositivo de Seguridad Presidencial (GAP). Sin embargo, antes de poder llegar fue obstaculizado por una patrulla militar que lo obligó a devolverse.
Unos días después su casa fue allanada con violencia por militares que argumentaron que buscaban armas escondidas. Al no encontrarlas, se llevaron libros, ropa e incluso su pensión de jubilado. Ante las medidas adoptadas por la emergente tiranía, Blest reactivó el CODEHS. Desde diversas embajadas le ofrecieron asilo, pero Blest señaló que su lugar estaba en el país, junto a los perseguidos.
Su casa sirvió de refugio para perseguidos políticos, ayudándolos incluso a conseguir asilo. Allí se formó también la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD). Con su overol azul de obrero y larga barba blanca, participó en numerosas manifestaciones en contra de la dictadura. Su imagen, que parecía evocar santidad, provocaba desconcierto en la policía y era aclamada por los jóvenes que protestaban. Puso en movimiento todos sus contactos internacionales para contribuir al aislamiento del régimen.

Participó en la creación de la Comisión Chilena de Derechos Humanos y el 18 de abril de 1979 acompañó a un grupo de mujeres, familiares de detenidos desaparecidos, que se encadenó a las rejas del ex Congreso Nacional como señal de protesta. En todo ese tiempo, mantuvo una estrecha relación con el Cardenal Raúl Silva Henríquez, prelado que pasó a la historia por su inclaudicable labor de defensa de los derechos humanos-
En octubre 1979 Blest recibió el Premio de la Paz otorgado por el Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ), organización latinoamericana presidida por el argentino Adolfo Pérez Esquivel. Además, el Parlamento de Alemania Federal decidió nominar a Blest al Premio Nobel de la Paz, candidatura que fue apoyada por Finlandia, Noruega y Venezuela, además de artistas, intelectuales y ex parlamentarios chilenos.
Aparte de sus actividades solidarias en el CODEHS, Blest tuvo una vejez solitaria, en que era acompañado solamente por sus mascotas y dos jóvenes, Oscar Ortíz y Francisco Díaz, los que lo ayudaban en forma desinteresada en sus tareas diarias.
En 1983, y en el marco de las Jornadas de Protesta Nacional que comenzaron desde mayo a realizarse en el país, se fundó el Comando Nacional de Trabajadores (CNT), del cual Blest fue nombrado presidente honorario. De la misma forma, el 21 de agosto de 1988 se fundó la nueva Central Unitaria de Trabajadores (CUT), y su Comisión Organizadora nombró a Blest presidente honorario nacional del organismo, cargo que mantuvo hasta su fallecimiento.
Frente a la postura de la oposición de participar en el plebiscito del 5 de octubre de 1988, el dirigente se mantuvo escéptico, ya que según él significaba aceptar las reglas impuestas por la dictadura, lo que auguraba que, incluso en el evento de una victoria, no se generarían cambios de fondo al modelo institucional y económico.
Durante sus últimos años de vida sufrió varios malestares físicos y enfermedades, además de una situación económica precaria. Tras ser internado en el Hospital del Trabajador, y dado que su casa no cumplía con las condiciones mínimas para vivir, Blest solicitó ser trasladado al Convento de la Congregación Franciscana. El 17 de noviembre de 1989 fue nombrado Hermano Terciario Franciscano Seglar.
Una de sus últimas actividades fue la visita que realizó a los prisioneros políticos de la Cárcel Pública para el Primero de Mayo de 1990, la mayoría de los cuales integraban las filas del MIR y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR).

Clotario Blest falleció la madrugada del 31 de mayo de 1990, y fue velado en el templo de San Francisco. Su funeral se realizó al día siguiente, siendo despedido por sindicalistas, políticos, sacerdotes, estudiantes, y trabajadores en general. El Presidente Patricio Aylwin expresó: “Tenía un gran aprecio y admiración por Don Clotario que fue un hombre que dio testimonio. Él vivió y sacrificó oportunidades de una vida holgada, entregado a sus ideales de profunda formación cristiana”.
El cuerpo del dirigente fue sepultado en el Cementerio General de Santiago, en medio de una multitud de jóvenes rebeldes. El padre Mariano Puga estuvo a cargo de las palabras en la hora final de la despedida: “¡San Clotario de los trabajadores, ruega por nosotros!”…
Por Víctor Osorio. El autor es periodista.
Santiago, 31 de mayo de 2026.
Crónica Digital.

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